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Lancha Zodiac navegando entre icebergs en la Antártida

Itinerario de un crucero de 22 días por la Antártida

"Allí existe un azul que no se ve en ningún otro lugar de la naturaleza, un azul lleno de matices que es característico de los paisajes de la Antártida" menciona Théo, asesor en Filovent, sobre lo que observó durante su crucero de exploración en el círculo polar Sur. En efecto, si su viaje a la Antártida tuviera que llevar un color, sería ese azul claro incomparable, fruto del reflejo del sol sobre el agua y los icebergs.

En este artículo, recorro su trayecto día tras día: seis jornadas en Chile a modo de aclimatación, la travesía del pasaje de Drake, el descenso al sur del círculo polar hasta la bahía Marguerite, una tormenta con vientos de 90 km/h, y luego el ascenso hacia las islas Malvinas y sus colonias de pingüinos.

Un crucero de expedición a la Antártida: qué esperar

La vida a bordo

Totalmente renovado en 2024, el barco dispone de camarotes confortables y luminosos. Pero lo que más sorprende es la atención del personal, muy pendiente de las costumbres de cada uno: la mesa donde a uno le gusta sentarse, la bebida que se pide al volver de una salida... El equipo es profundamente multicultural, con siete francófonos a bordo, pero también portugués, mandarín y español, y un equipo de expedición reclutado en los cuatro rincones del mundo.

La cocina sigue el mismo nivel de exigencia. Nada de congelados: todo se prepara con esmero a bordo, y la visita a las cocinas forma parte del programa. “Los golosos deben tener cuidado”, precisa Théo para subrayar la calidad de los platos ofrecidos.

Con el paso de los días se instaura un ritmo particular. Entre dos expediciones, el barco hace de refugio: se deja atrás el frío, el viento y la sal, y se recupera el calor, la mesa puesta y el relato colectivo de lo que cada uno acaba de ver. Ese contraste entre el exterior crudo y el interior acogedor es una de las señas de identidad del crucero polar.

imágenes de camarotes, comedor y exterior del barco de crucero

La experiencia a bordo del MS Fram (fuente: Théo y Shutterstock)

Un crucero pensado para los viajeros en busca de aventura

Una expedición polar no se compara con ninguna otra navegación. Aquí, nada está garantizado de antemano: el clima dicta el programa, los desembarcos se deciden día a día, y el itinerario se traza realmente sobre la marcha. Théo, cuyo recorrido preveía inicialmente solo la punta norte de la península, finalmente pudo recorrerla en toda su longitud.

El paisaje impone su ley desde el principio. El pasaje de Drake, entre el cabo de Hornos y la península, se considera la zona marítima más agitada del planeta. Más al sur, la expedición atravesó una tormenta: vientos de 90 km/h, olas de 10 metros. "En caso de un problema serio, el único rescate posible sigue siendo el helicóptero. Uno se da cuenta rápido de dónde está."

Es precisamente este espíritu de aventura lo que le da valor al viaje. Se navega en contacto directo con los elementos, en un aislamiento que pocos destinos ofrecen todavía, con la conciencia permanente de estar en un entorno que no admite imprecisiones.

Temperatura, temporada y equipo

La temporada de navegación va de noviembre a marzo, ya que el invierno austral resulta impracticable. Théo partió en marzo, al final de la temporada. El termómetro bajó hasta -9 °C, con una sensación térmica cercana a los -24 °C con el viento. Aun así, nunca pasó frío, sin invertir en equipo costoso: un pantalón impermeable, un plumífero de segunda mano y ropa térmica de una marca económica fueron suficientes.

ReferenciaDato registrado
Duración total del viaje22 días, incluyendo el pre-tour chileno y el post-tour argentino. Fuera del crucero, el viaje de Théo se extendió a casi un mes y medio.
Temporada de navegaciónDe noviembre a marzo
Temperaturas registradas-9 °C, sensación térmica de hasta -24 °C
Tiempo de travesía del pasaje de Drake2 días y medio desde el cabo de Hornos
Punto más austral alcanzadoMás allá del círculo polar antártico, 66°33' S
Condiciones extremas encontradasVientos de 90 km/h, olas de 10 metros

Descubrimientos y aprendizaje

Cada jornada se construye en torno a excursiones. Estas salidas, casi diarias, ofrecen el contacto más directo con el entorno: se navega al ras del agua, entre placas de hielo, a pocos metros de las colonias y de las focas en reposo. Son momentos unicos para observar de cerca a los animales del Polo Sur presentes en el hielo marino. Ningún desembarco se parece al anterior, y el barco avanza deliberadamente despacio para limitar su impacto sobre la fauna.

pingüinos, focas y ballenas en la Antártida

Animales observados por Théo durante el crucero (fuente: Théo)

El otro aspecto del descubrimiento se desarrolla a bordo del barco con ciclos de conferencias sobre diversos temas relacionados con el crucero: glaciología, formación y deriva de los icebergs, aves marinas, mamíferos polares, los vientos dominantes. Una parte de los pasajeros se embarca precisamente por esta razón. El grupo reunía así a varios científicos y naturalistas, junto a viajeros australianos, británicos y alemanes de todas las edades. No basta con mirar el paisaje: se aprende a leerlo.

Itinerario de 22 días en la Antártida, de Chile a Argentina

El itinerario de una expedición polar nunca es fijo. El programa inicial preveía únicamente la punta norte de la península; las condiciones finalmente permitieron recorrerla en toda su longitud, mucho más allá del círculo polar. He aquí el recorrido seguido por Théo, quien partió el 15 de marzo de 2026.

Salida de Santiago de Chile

Días 1 a 5: el pre-tour en Chile

Día 6: Ushuaia → canal de Beagle (embarque)

Días 7 y 8: Cabo de Hornos y pasaje de Drake

Día 9: Bahía Marguerite → isla Adelaida en zodiac

Día 10: King George VI Sound

Día 11: Stonington Island

Días 12 a 14: Thurston Island, estrecho de Bismarck e islas Melchior

Día 15: Isla Decepción

Días 16 y 17: Tormenta y ascenso hacia el norte

Día 18: Islas Malvinas

Días 19 a 22: post-tour en Argentina

Regreso desde Buenos Aires

Mapa del itinerario de un crucero de 22 días por la Antártida, desde Santiago hasta Buenos Aires, pasando por Ushuaia, el cabo de Hornos, el pasaje de Drake, la península Antártica, las islas Shetland del Sur y las islas Malvinas.

Itinerario en la Antártida (fuente: Stepmap)

Días 1 a 5: el pre-tour en Chile

El viaje comienza en Chile, seis días antes del embarque. La etapa más destacada de este comienzo sigue siendo el Cajón del Maipo, un valle andino excavado al sureste de Santiago, que Théo visitó el 19 de marzo. Las paredes escarpadas y las aguas glaciares evocan los fiordos escandinavos, con un clima mucho más suave. Esta fase de aclimatación permite también recuperarse del desfase horario antes del esfuerzo físico de los días siguientes.

Día 6: Ushuaia y el canal de Beagle

Embarque en Ushuaia, en el extremo de Tierra del Fuego argentina. El barco se adentra en el canal de Beagle, ese brazo de mar que separa la gran isla de Tierra del Fuego de las islas australes. Glaciares colgantes, bosques austeros, colonias de aves y pinnípedos: el paisaje ya anuncia el tono, sin dejar entrever lo que se revelará más al sur.

Faro de Ushuaia

Faro de Ushuaia (fuente: Shutterstock)

Días 7 a 8: cabo de Hornos y pasaje de Drake

El barco dobla el cabo de Hornos, y luego se adentra en los 800 kilómetros del pasaje de Drake. Dos días y medio separan el cabo de la península. Este tiempo en el mar, a menudo temido, se transforma aquí en una inmersión: conferencias sucesivas, vigilancia en las cubiertas exteriores, primeros albatros y primeras ballenas. También se instala un fenómeno: la luz cambia, el horizonte se vacía, y los puntos de referencia habituales desaparecen uno tras otro.

Día 9: Bahía Marguerite → isla Adelaida en zodiac

Primer desembarco al sur del círculo polar: Tutton Point. Este promontorio rocoso, situado en el extremo suroeste de la isla Liard (frente a la isla Adelaida), marca la entrada de un corredor natural hacia el interior helado de la isla: una puerta tallada en la roca que se abre a un mundo de hielo. Aquí, Théo hace sus primeras salidas en zodiac y disfruta de una inmersión total en la naturaleza observando de cerca a los animales presentes en el hielo marino. Desde los primeros pasos en la orilla, la fauna se revela: ballenas jorobadas surcan las aguas en alta mar, lobos finos ocupan las rocas, mientras que focas cangrejeras y focas de Weddell descansan sobre el hielo. Un poco más allá, una colonia de pingüinos barbijo completa este cuadro sorprendente de la biodiversidad austral.

Variedades de pingüinos observadas durante el crucero

Variedades de pingüinos observadas durante el crucero (fuente: Théo y Shutterstock)

Día 10: King George VI Sound

Rumbo hacia King George VI Sound, ese largo estrecho cubierto de hielo que separa la isla Alejandro I de la Tierra de Palmer. Es el punto más aislado de toda la travesía, un lugar donde se percibe plenamente la inmensidad y el silencio del continente blanco. Aquí, la cobertura sigue sorprendentemente disponible, pero eso no importa: Théo conserva intacta la sensación de desconexión que generó este viaje, aunque Internet funcione. Lejos de todo, frente a esta extensión helada que se pierde de vista, uno no solo se desconecta del mundo: se reencuentra a sí mismo, en una forma de comunión silenciosa con la naturaleza.

El sector de King George VI Sound reserva dos encuentros destacados: ballenas jorobadas en la superficie, y sobre todo un grupo de pingüinos emperador adultos. Una observación rara, que algunos naturalistas esperan durante toda una década. «Varios pasajeros lloraban. Eran apasionados que no habían visto esto en 10 años.»

Ballena en la Antártida con salpicaduras

Ballena observada desde el barco (fuente: Théo)

Día 11: Stonington Island

Stonington Island encierra una historia singular. Fue allí donde, durante la invernada de 1947-1948, las estadounidenses Edith Ronne y Jennie Darlington se convirtieron en las dos primeras mujeres en pasar un invierno completo en el continente antártico. Los vestigios de las bases polares (edificios de madera, cabañas y viejos equipos congelados por el frío) siguen siendo visibles, testigos silenciosos de esta epopeya. Una colonia de pingüinos adelia ocupa hoy los alrededores de la isla.

La tarde continúa en Red Rock Ridge, una cresta de roca roja que contrasta con la blancura circundante y domina el hielo marino. El lugar ofrece una vista espectacular sobre el estrecho, y permite acercarse a las focas de Weddell en reposo, tendidas apaciblemente sobre el hielo.

Días 12 a 14: Thurston Island, estrecho de Bismarck e islas Melchior

El estrecho de Bismarck es uno de los grandes ejes de paso de la península, utilizado tanto por los buques científicos como por los barcos de expedición. Se acude aquí por la densidad de icebergs y por la fauna polar, en un corredor estrecho entre las islas donde la luz se refleja en las paredes de hielo. La travesía pasa por «the Gullet», un canal estrecho y espectacular encajonado entre las islas Adelaida y la Tierra de Palmer, donde las paredes heladas se estrechan hasta dar la impresión de navegar en pleno corazón del hielo marino. En este momento del crucero, Théo aprovecha la experiencia de los guías para aprender más sobre la geografía de la parte de la Antártida que atraviesa.

Más adelante, los pasajeros desembarcan en las islas Melchior, que ofrecen un fondeadero resguardado, rodeado de icebergs varados y paredes rocosas escarpadas. Allí se observan especialmente pingüinos papúa y pingüinos barbijo, animando con su presencia estos pasajes estrechos entre el hielo y el mar.

Los matices de azul en la Antártida

Los matices de azul en la Antártida (fuente: Théo y Shutterstock)

Día 15: Isla Decepción

La isla Decepción, en las Shetland del Sur, es una caldera volcánica de la que se derrumbó, dejando que el mar invadiera el cráter. El resultado es un paisaje lunar, casi irreal en este entorno polar: playas de cenizas negras, fumarolas todavía visibles en algunos puntos, vestigios de una antigua estación ballenera desgastados por el tiempo. El desembarco se realiza en estas calas de tierra negra, y no en el hielo marino, lo que constituye un terreno aparte, casi ajeno, en este periplo hasta entonces dominado por la blancura polar.

Théo recuerda sobre todo una caminata exigente, en plena montaña nevada: fuerte pendiente, viento sostenido, esfuerzo continuo hasta la cima. Una de las salidas terrestres más físicas de la estadía, pero también una de las más gratificantes, con una vista impresionante sobre la caldera y el océano que la rodea.

fotos de los pasajeros del barco, de la ubicación en un mapa y del paisaje observado

En el camino de regreso (fuente: Théo)

Días 16 a 17: la tormenta y el ascenso hacia el norte

El barco asciende hacia el norte de la península en condiciones intensas: 90 km/h de viento, olas de 10 metros. El barco cabecea, el mar golpea con fuerza contra el casco, pero en ningún momento la situación inspira temor: la tripulación, acostumbrada a este tipo de condiciones, gestiona la travesía con calma y dominio. Jornada sin desembarco, por tanto, dedicada a las conferencias y a la observación desde las cubiertas protegidas, donde se puede seguir el oleaje y las salpicaduras con total seguridad.

Este tipo de episodio ilustra bien la regla básica de la navegación polar: el clima decide, y el itinerario le sigue. Un recordatorio de que la aventura antártica nunca está totalmente escrita de antemano, y que hay que lidiar con los caprichos del gran sur.

Día 18: Islas Malvinas

Dos días de navegación hacia el noreste conducen a las islas Malvinas, un archipiélago aislado cuya población vive muy apartada del resto del mundo. Aquí es donde se produce el momento más intenso del viaje: en una isla cubierta de pingüinos de penacho amarillo, Théo asiste a una migración en curso, a tres metros de distancia, sin ningún contacto, conforme a las normas de aproximación a la fauna. Pingüinos rey, de Magallanes, barbijo y papúa completan el cuadro.

Días 19 a 22: post-tour en Argentina

Fin de la expedición y regreso a la vida continental, con cinco días en Buenos Aires como post-tour. El contraste es grande tras tres semanas de silencio, viento y hielo. Théo se queda con una convicción clara: la Antártida no es comparable a ninguna de sus navegaciones anteriores, ni en Egipto, ni en Noruega, ni en los ríos de Europa.

fotos muy coloridas de las calles de Buenos Aires

Escala en Buenos Aires (fuente: Théo)

¿Por qué elegir la Antártida?

La elección del destino no fue en absoluto casual. Théo la decidió por cinco razones, que resume así:

  • Paisajes sin igual: un escenario que no se encuentra en ningún otro continente, y una paleta de azules propia del hielo polar.
  • Un destino original: pocos viajeros acceden a él, lo que lo convierte en una experiencia realmente rara.
  • Una ventana estrecha: la temporada se limita a cinco meses, de noviembre a marzo, y la mayoría de los viajeros solo van una vez en la vida.
  • Un aislamiento total: la sensación de estar en el fin del mundo, sin nadie más alrededor, que pocos destinos aún ofrecen.
  • Una oportunidad quizá limitada en el tiempo: nada garantiza que este tipo de viaje siga siendo posible en las mismas condiciones en el futuro.

Algunos recuerdos inolvidables

  • Los pingüinos emperador adultos: una observación que algunos especialistas esperan diez años, y que hizo llorar a varios pasajeros.
  • La migración de los pingüinos de penacho amarillo: presenciar el movimiento de toda una colonia, a tres metros de distancia, sin interferir jamás.
  • El azul de los icebergs: "Decenas de matices, y ni uno solo que exista en otro lugar de la naturaleza."
  • Las salidas en zodiac: el mejor formato para acercarse al hielo y a la fauna, con un desembarco distinto cada día.
  • La caminata de la isla Decepción: una subida exigente en la nieve, en el corazón de una caldera volcánica invadida por el mar.
  • La calma del pasaje de Drake: atravesar la zona más agitada del planeta en condiciones apacibles, antes de encontrarse con la tormenta mucho más al sur.

¿Ganas de vivir la misma aventura?

¿Está pensando en partir de crucero por la Antártida, entre pingüinos emperador, icebergs y desembarcos en zodiac? Nuestros asesores, que han navegado ellos mismos por estas aguas, calibran con usted la duración, la temporada y el nivel de exigencia del recorrido.

Agradecimientos

¡Un gran agradecimiento a Théo por el tiempo que nos dedicó en esta conversacíon, y por las imágenes y los recuerdos que aceptó compartir para enriquecer este relato!

Marina
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