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Catamarán fondeado frente a una playa de arena blanca bordeada de cocoteros

Itinerario de 8 días navegando por las Granadinas

"Creo que fue, sinceramente, la semana más bonita de mi vida. Es una semana en la que desconectas de todo, te relajas, disfrutas del sol. Pura felicidad." Con estas palabras nos cuenta Claire sus ocho días de crucero por las Granadinas, a bordo del Dream Panga, un catamarán Bali 5.4. Una aventura tanto más inesperada por cuanto la ganó en un concurso organizado por Filovent en Instagram. "Si no hubiera ganado el crucero, creo que nunca lo habríamos hecho, porque no nos llamaba especialmente la atención." nos confiesa. Partidos en pareja, sin ninguna experiencia en vela, Claire y su pareja se embarcan en mayo de 2026 para descubrir un universo que no conocían, con salida desde Martinica hasta el corazón de las Granadinas. Para quienes se preguntaban cómo podía ser un crucero en cabina por las islas Granadinas, he aquí un relato que debería aclararles las ideas.

En este artículo os llevo tras los pasos de Claire y su pareja, desde los pantalanes de Le Marin hasta las aguas turquesas de los Tobago Cays, pasando por los fondeaderos desiertos de las Granadinas, los fondos de coral y las veladas compartidas con una tripulación apasionada.

Un crucero a bordo del Dream Panga

Un gran catamarán para navegar en grupo reducido

El Dream Panga es un Bali 5.4 de casi 17 metros de eslora: el tipo de catamarán de crucero que se alquila en las Granadinas. Cuenta con 6 camarotes dobles para un máximo de 12 pasajeros, acompañados de una tripulación de dos personas: un capitán y una cocinera de a bordo. Es a bordo de este barco donde Claire y su pareja se embarcan para esta semana en las Antillas. Pero esta vez la suerte estaba del lado de nuestros viajeros: solo eran seis a bordo, una pareja francesa y dos parejas italianas. Es el tipo de embarcación que se encuentra en el alquiler de barco en las islas Granadinas.

Y, por una vez, no faltó el espacio. "El barco era para 12 personas y tuvimos suerte porque solo éramos 6, así que fue increíble." El resultado: un espacio inmenso para cada uno y la libertad de aislarse o reunirse a voluntad. "Como era grande, cada uno podía ser libre de estar solo, en pareja o en compañía."

Catamarán Bali 5.4 fondeado en una laguna turquesa: solárium de proa, salón interior luminoso, flybridge y puesto de gobierno
Catamarán Bali 5.4: espacios exteriores, salón y flybridge (Fuentes: Filovent, Claire)

A bordo: confort y equipamiento

Para una viajera que descubría el universo náutico, el confort a bordo fue toda una revelación. "Me pareció muy bien equipado, cómodo, un poco lujoso y muy limpio." Los camarotes, con sus duchas y baños privados y su gran cama de matrimonio, ofrecían un auténtico refugio, mientras que la cubierta superior hacía las veces de salón al aire libre, el lugar ideal para compartir las comidas, ver pasar el paisaje y disfrutar del sol.

En cuanto al equipamiento, no faltaba de nada. Entre la cafetera de grano, las dos grandes neveras, el congelador que fabricaba cubitos de hielo, los kayaks, los paddles y todo el material de snorkel a disposición, el Dream Panga lo tenía todo de una casa flotante. 

Una tripulación apasionada

Pero lo que marca toda la diferencia en este tipo de crucero es la tripulación. A bordo del Dream Panga, el capitán Rafik y la cocinera Maïka, dos apasionados del mar que viven en un barco desde siempre, acompañaron a los pasajeros durante toda la estancia. Su entusiasmo marcó a Claire tanto como los paisajes.

"Son unos apasionados del mar. Teníamos un montón de preguntas todo el tiempo, y nos explicaban muchísimas cosas." Y, sobre todo, un capitán que solo tenía una obsesión: que todo fuera perfecto para sus pasajeros. "El capitán quería de verdad enseñarnos el mayor número de sitios. Hacía todo lo posible para que fuera perfecto." Con un grupo tan pequeño, la tripulación pedía con frecuencia su opinión a los viajeros sobre el programa del día, en un ambiente de complicidad.

Un crucero en pareja, un tiempo suspendido

Más allá del barco y la tripulación, lo que Claire recuerda sobre todo es esa singular sensación de desconexión total. "Hay cero carga mental durante una semana. No te haces preguntas, te dejas llevar." Sin comidas que planificar, sin decisiones que tomar sobre el destino del día: solo disfrutar. Y con las dos parejas italianas, el entendimiento fue inmediato. "Al final, éramos un poco como una pequeña familia, cada uno tenía su sitio en la mesa, sus pequeñas costumbres." Una semana entera dejándose llevar, sin nada más que gestionar que el placer del momento.

Itinerario de 8 días por las Granadinas con salida desde Martinica

Embarque en el Dream Panga en Le Marin (Martinica)

Día 1: Le Marin → Bequia

Día 2: Bequia

Día 3: Bequia → Mayreau

Día 4: Mayreau → Tobago Cays

Día 5: Tobago Cays → Bequia → Cumberland Bay

Día 6: Cumberland Bay → Los Pitons

Día 7: Los Pitons → Sainte-Anne

Día 8: Sainte-Anne → Le Marin

Desembarque en Le Marin (Martinica)

Mapa del itinerario de 8 días de crucero por las Granadinas con salida desde Le Marin en Martinica: Bequia, Mayreau, los Tobago Cays, Cumberland Bay en San Vicente, los Pitons de Santa Lucía y luego regreso pasando por Sainte-Anne
Mapa del itinerario de Claire y su pareja por las Granadinas (Fuente: Stepmap)

Día 1: Le Marin → Bequia (embarque y navegación nocturna)

La cita está fijada a las 18 horas en la marina de Le Marin, al sur de Martinica, uno de los principales puntos de partida para un itinerario de un viaje por las Granadinas. Es la hora del descubrimiento: el del barco, la tripulación y los compañeros de viaje. Y este primer contacto será uno de los recuerdos más bonitos de Claire. "Cuando llegas al barco, la cocinera había puesto una mesa preciosa con el aperitivo que había preparado." El sol que declina, el cielo que se incendia, la cálida acogida: estaba todo. "En ese momento, tenía los ojos llenos de estrellas y casi una lágrima en el ojo. Se notaba que íbamos a estar a gusto."

Tras el aperitivo y una primera cena a bordo, todo el mundo regresa a su camarote para pasar la noche. Porque para llegar a las Granadinas, primero hay que afrontar una larga travesía: trece horas de navegación, de noche, arrullados por el movimiento del catamarán. Al despertar, un entorno completamente distinto espera a los viajeros.

Crucero por las Granadinas: aperitivo dispuesto a bordo de un catamarán con una tabla de embutidos y quesos sobre un mantel madras, y cubierta del barco al atardecer en la marina de Le Marin
Llegada al Dream Panga: aperitivo y descubrimiento del barco (Fuente: Claire)

Día 2: Bequia, el despertar encantado

Muy temprano por la mañana, hacia las 5:30, Claire sube a cubierta. Y allí, el espectáculo la deja sin palabras. "El paisaje era increíblemente bonito." El Dream Panga llega a Bequia (se pronuncia "Béc-uei"), la mayor de las islas Granadinas, célebre por su ambiente auténtico y preservado. Primer día de crucero de verdad, primer fondeo en aguas del Caribe, y ya la sensación de haber entrado en un tiempo suspendido.

Es también el momento en que el ritmo del viaje se asienta, con una tripulación que solo busca una cosa: que todo sea perfecto. "Cada vez que navegábamos, el capitán nos hacía salir temprano, entre las 5:30 y las 7, así teníamos tiempo de disfrutar plenamente del día."

Crucero por las Granadinas: mesa de desayuno dispuesta a bordo del catamarán con vistas al fondeadero, y playa de Bequia con sus aguas turquesas
Primer desayuno en Bequia a bordo del Dream Panga, Playa de Bequia (Fuentes: Claire, Shutterstock)

Día 3: Bequia → Mayreau (4 horas de navegación)

Rumbo al sur hacia Mayreau, la isla habitada más pequeña de las Granadinas. Allí, una bonita sorpresa esperaba a nuestros viajeros, una iniciativa del capitán que no estaba en el programa. "El capitán conocía al dueño de un bar. Por la tarde le había dado unas costillas, y él las había preparado a su manera. Por la noche fuimos a su bar a comérnoslas. Estuvo bien, porque era un cambio respecto al barco." Una velada en tierra, animada e improvisada, el tipo de momento que solo se encuentra en este tipo de crucero, donde el capitán conoce su terreno de juego y a sus habitantes.

Crucero por las Granadinas: playa de Mayreau bordeada de cocoteros inclinados, arena blanca y un catamarán fondeado sobre aguas turquesas
Playa de Mayreau, San Vicente y las Granadinas (Fuente: Shutterstock)

Día 4: Mayreau → Tobago Cays (30 minutos de navegación)

Una corta navegación de treinta minutos basta para llegar a la etapa que será, sin duda, el plato fuerte del viaje. A la llegada a los Tobago Cays, este pequeño archipiélago deshabitado protegido en el corazón de un parque marino, el escenario deja a Claire sin palabras. "Era una especie de paraíso tropical. El agua era turquesa, nunca había visto un agua tan turquesa."

Es aquí donde Claire vivirá una gran primicia. Ella, que siempre había tenido miedo de meter la cabeza bajo el agua, se lanza por fin al snorkel, tranquilizada por la tripulación. "Con el capitán y la cocinera, me sentía segura. Sabía que habían nacido en un barco." Sabiendo que no estaba tranquila, el capitán le instala incluso una boya a la que agarrarse. Y la recompensa está a la altura. "Por primera vez en mi vida, vi una raya. Y un montón de peces de colores, una tortuga. Fue increíble." Por la tarde, la tripulación lleva a los pasajeros en la embarcación auxiliar hasta la barrera de coral. Uno de los italianos avista incluso un tiburón. Para coronar este día fuera de lo común, se organiza una barbacoa en la playa, los pies en la arena, frente a la laguna, preparada por un restaurante de la isla. La tripulación aprovecha también para comprar pescado fresco en el lugar, que Maïka y Rafik cocinarán ellos mismos para los pasajeros al día siguiente. Un día de puro descubrimiento, en uno de los fondeaderos más bonitos del Caribe.

Crucero en catamarán por las Granadinas: plátanos macho fritos y chayotes rellenos preparados por la cocinera, pescado fresco comprado en el lugar y catamaranes fondeados en las aguas turquesas de los Tobago Cays
 De arriba abajo y de izquierda a derecha: Los platos cocinados por Maïka, Los pescados que cocinarán los dos miembros de la tripulación, Vista aérea de los Tobago Cays (Fuentes: Claire, Shutterstock)

Día 5: Tobago Cays → Bequia → Cumberland Bay (6 horas de navegación)

El viaje inicia su regreso hacia el norte, con un día de navegación más intenso. Tras una última mirada a los Tobago Cays, el Dream Panga pone rumbo a Bequia para el almuerzo, antes de alcanzar Cumberland Bay, en la costa de San Vicente. Y el cambio de paisaje es sorprendente. Paso a una naturaleza densa, salvaje y espectacular, una bahía profunda encajada al pie de colinas cubiertas de una vegetación exuberante. "Era un entorno un poco al estilo Jurassic Park, era muy verde." Un rostro totalmente distinto de las Granadinas, más bruto y más intenso, que recuerda hasta qué punto cada escala reserva su propio ambiente. La jornada terminó por todo lo alto: "Tuvimos una puesta de sol estupenda. Por la noche, Maïka nos había preparado cócteles."

Crucero por las Granadinas: bahía de Cumberland Bay bordeada de colinas verdes en San Vicente, un cóctel preparado a bordo y puesta de sol sobre el mar Caribe
De arriba abajo y de izquierda a derecha: Cumberland Bay, Cóctel preparado por Maïka, Puesta de sol en San Vicente (Fuentes: Shutterstock, Claire)

Día 6: Cumberland Bay → Los Pitons (5 horas 30 de navegación)

Dirección Santa Lucía y el mítico fondeadero al pie de los Pitons, esas cumbres volcánicas gemelas que se hunden en el mar y dominan el pueblo de Soufrière. Es aquí donde el grupo hizo la única visita en tierra de verdad de toda la semana, simplemente porque el barco les gustaba demasiado para dejarlo el resto del tiempo. Un alto en el camino en tierra firme, en medio de una vegetación tropical, entre fuentes sulfurosas, baños calientes y cascadas, antes de regresar al confort del Dream Panga.

Barcos fondeados en una bahía de Santa Lucía al pie de los Pitons verdes
El Gros Piton sobre Soufrière, Puesta de sol en Santa Lucía (Fuentes: Shutterstock, Claire)

Día 7: Los Pitons → Sainte-Anne (5 horas 30 de navegación)

Regreso hacia Martinica, con una de las navegaciones más largas de la semana. Pero lejos de resultar monótonas, esas horas de navegación se convirtieron en uno de los placeres del viaje. "La navegación de día no resultaba nada molesta, al contrario. Echábamos el sedal para pescar, o yo contemplaba los paisajes. Vimos delfines, tortugas, y los paisajes cambiaban todo el tiempo. Nos mecía el agua."

Por el camino, el capitán propone una parada que no estaba prevista en el programa: las Salines, una de las playas más bonitas del sur de Martinica. "Nos dice: por el camino paramos en las Salines, os va a gustar. Y nos gustó tanto que preguntamos si podíamos quedarnos." Hicieron bien. "Cuando estábamos fondeados en las Salines, veíamos un montón de tortugas en el agua. Era realmente precioso." El barco llega después a Sainte-Anne, encantador pueblo del sur de la isla, para el último fondeo de la estancia. La víspera de la partida, Claire y su pareja aprovechan para dar un último paseo en tierra, solo los dos. Y al regresar, la tripulación les había reservado una última velada memorable. "Cuando volvimos, toda la mesa estaba puesta con el aperitivo para la última noche. Habíamos puesto un poco de música, bailamos, nos quedamos charlando hasta bastante tarde todos juntos. Fue genial."

Crucero en Martinica: playa de las Salines en Sainte-Anne, larga extensión de arena blanca bordeada de cocoteros y aguas turquesas del sur de la isla
Playa de las Salines, Sainte-Anne, Martinica (Fuente: Shutterstock)

Día 8: Sainte-Anne → Le Marin, la hora de las despedidas

Una última navegación corta basta para llegar al puerto de Le Marin, donde el viaje concluye a media mañana. Como para dar ganas de prolongar el descubrimiento de las islas caribeñas francesas en una próxima navegación. El momento de las despedidas, siempre un poco agridulce tras una semana tan intensa… "Al final, éramos como una pequeña familia." Un crucero terminado, pero una revelación para la pareja, decidida a repetir la experiencia algún día. "Descubrimos de verdad algo que no conocíamos y que nos encantó."

Algunos recuerdos inolvidables

Recuerdos de un crucero por las Granadinas: playa de cocoteros y sombrillas en una isla del Caribe, y puesta de sol sobre el mar vista desde la cubierta del catamarán
Playa de cocoteros y vista desde el Dream Panga (Fuente: Claire)
  • La llegada al barco: la primera noche quedará grabada. El aperitivo dispuesto por Maïka, la cubierta aún brillante bajo los reflejos del sol poniente, la sonriente acogida de la tripulación y de los demás pasajeros. "Todo el mundo estaba feliz de estar allí, nos acogieron de maravilla." Un momento sencillo que condensa todo el espíritu del viaje.
  • El snorkel en los Tobago Cays: su primera vez con la cabeza bajo el agua, y ya una raya, una tortuga, bancos de peces multicolores: una victoria personal y una maravilla a la vez, posible gracias a la confianza que inspiraba la tripulación. "Por primera vez en mi vida, vi una raya. Fue increíble."
  • La navegación y los paisajes: esas largas horas pasadas en cubierta viendo desfilar el mar, pescando o simplemente dejándose mecer, salpicadas de apariciones de delfines y tortugas. "Toda la semana tuve estrellas en los ojos, de la mañana a la noche. Era mágico." Como resume Claire, este viaje habrá sido el equilibrio perfecto entre los momentos de navegación, las paradas para los baños y la convivialidad de las comidas compartidas.

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Agradecimientos

¡Un gran agradecimiento a Claire por el tiempo que aceptó dedicar a esta conversación, y por las magníficas fotos que nos envió para ilustrar este relato!

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